Friday, May 20, 2005

Ucab Guayana analiza Ley Resorte

Esta “ley de contenidos” fue aclarada y discutida a profundidad

   
Cañizales: “Esta ley no podrá restarle el protagonismo a los periodistas”  
   

Los estudiantes y profesores se dieron cita en el salón de usos múltiples de Universidad Católica Andrés Bello, para discutir una ley que causó controversia desde antes de nacer.

 En el marco del V Encuentro con la Comunicación, organizado por la Escuela de Comunicación Social de la Ucab Guayana, se realizó el foro “Reflexiones sobre la Ley de Responsabilidad en Radio y Televisión”.

En este evento se contó con la presencia de José Carlos Blanco, director de la escuela de derecho de la Ucab Guayana, Alfredo Calzadilla, director de radio Fe y Alegría, y Andrés Cañizales, periodista y director del Instituto Prensa y Sociedad “Ipys”, en Venezuela.

 El comienzo del acto estuvo marcado por las palabras de la directora Olimpia Berti, quien explicó la necesidad de analizar desde diferentes puntos de vista el contenido de esta ley, que está cambiando la forma de hacer radio y televisión en nuestro país.

 La primera ponencia estuvo a cargo de Alfredo Calzadilla, quien explicó las nociones del imaginario con respecto a la ley. Comentó que el imaginario “es una posición poco racional del sentido, que configura nuestras posiciones frente a ciertos temas”.

 Puso como ejemplo para entender este concepto “cuando los estudiantes dicen que un profesor los raspó, no es así, ellos mismos se raspan, pero el imaginario les indica que fue la otra persona quien lo hizo. Con esta ley pasa algo parecido”.

 Platicó de su experiencia en Fe y Alegría, en donde se han hecho programas reflexivos acerca de esta “Ley Resorte”, en las que “se criticó la redacción y el contenido en ciertas áreas, como por ejemplo las restricciones que impone con respecto a la conformación de los comités de usuarios”, punto que Calzadilla cree debe ser democratizado, pues todas las personas deben tener derecho a conformar uno de estos comités, sin necesidad de tener un número específico de integrantes.

 Criticó la prescripción de los delitos de la ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, diciendo “que parece que nunca prescriben, pues los procedimientos por una falta pueden ser abiertos hasta cinco años después del momento en que se infringió la ley… ¿por qué no me sancionan en el momento?”.

 En su opinión esta ley no establece la “autocensura, no dice que se acaben los programas de información o de opinión. Lo que dice esta ley debería ser algo de sentido común”.

¿Periodismo amenazado?
 Ese fue el tema central de la exposición de Carlos Blanco quien explicó el origen de nuestros derechos, el significado de poseer derechos particulares y como sociedad, la libertad y la diferencia que tiene con la libertad de expresión, y la libertad de expresión como una norma moral, como una costumbre de las sociedades.

 Afirmó que el derecho a la libertad de expresión, de pensamiento y de conciencia son derechos fundamentales, que no es más que tener derecho a la libre manifestación de lo que se piensa. Luego especificó que los derechos no son absolutos y que la libertad de expresión está naturalmente limitada, pues ningún derecho es absoluto.

 Andrés Cañizales fue el que finalizó este foro, con su ponencia “¿Puede una ley producir mejor periodismo?”, y comenzó hablando de las agresiones a los periodistas venezolanos y la necesidad que existe en el país de medios “más equilibrados y menos polarizados”.

 Recordó que en los años ochenta “no había un cuestionamiento social al periodismo de chisme que hacían personas como José Vicente Rangel y Alfredo Peña”.

 Explicó que existen dos tipos de periodistas, los objetivos, que se atienen únicamente a lo que sucede, y los que van más allá e interpretan las noticias, y le dan un valor agregado a la información. Considera que en Venezuela se ha hecho “una mixtura entre estos dos periodismos, en los que se interpreta, se interviene en los hechos, en los que el periodista se suma”.

 Comentó que en Venezuela “queremos mejores medios, mejores líderes, queremos mejor periodismo, pero es difícil establecer los límites. Hay tratados que dicen que la objetividad y responsabilidad no debe ser regulado por el estado, sino que deben estar contemplados en códigos de ética y mecanismos de autorregulación de los medios y los periodistas, porque si es el estado el que determina lo que es bueno o no, e imponen los límites, coartan el trabajo del periodista que muchas veces gira alrededor de las actuaciones del estado”.

 Piensa que la ley quiere restarle el rol de protagonista a los periodistas, pero no cree que lo logre, porque en este momento el rol es más fuerte que nunca, por la misma forma en la que se produce y se transmite la información al público.

 Ciudad Guayana y en particular, los estudiantes de comunicación social y periodistas de la región esperan que más foros como éste se sigan organizando, pues contribuyen al análisis y la crítica fundamentada del entorno en el que se trabaja actualmente en el país.

María Gabriela Aveledo
gaveledo@correodelcaroni.com
Foto Pedro Montes

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Periodistas en vías de extinción

La gente se pregunta a menudo sobre el papel que desempeñan los periodistas. No obstante, los periodistas están en vías de extinción. El sistema ya no quiere más periodistas. En este momento, puede funcionar sin ellos o, digamos, con periodistas reducidos a meros obreros de una cadena de montaje, como Charlot en la película “Tiempos Modernos”, es decir, meros trabajadores que hacen retoques en los partes de los funcionarios”.

 

Ignacio Ramonet
Director de Le Monde Diplomatique.

La frase que antecede no provoca mayor optimismo a quienes, como quién escribe estas líneas, dedicaron su vida a una profesión-pasión, más que difícil, con sinsabores que, también, implican una forma de vida, abriendo las vías a un muy escaso halago social, pero también a la persecución (de la que podemos dar fe) y a la agresión que se expresa de muchas maneras, especialmente con el ninguneo.

Una profesión que se ha definido como la más peligrosa, en la que también hay actores circunstanciales que actúan en la misma y muchas veces se mantienen en sus cargos por su condición de ser simples “mensajeros del zar”, función que nada tiene que ver con el periodismo en donde pululamos “jerarquizados protagonistas” de una sociedad que nos valora, no por nosotros mismos, sino por el instrumento que tenemos circunstancialmente en nuestras manos.

Cuando ocurren en nuestro país cosas inadmisibles para una sociedad madura, como la remoción de programas por el hecho de haber “tocado” a personajes con poder [Ser periodista no es ser amanuense del poder, y menos aun convertirse en un “tirador de centros” para que los personajes se luzcan sobrellevando las entrevistas sin alternativas que no les sean positivas. Tampoco es ser un crítico implacable, un personaje que haga temer por sus palabras. Ello es bien claro, pues en definitiva, la información nada tiene que ver con la propaganda.

El periodismo de investigación y sus resultados, por más que sea negativo en ocasiones para algunos personajes, es una necesidad para la sociedad que avanza o retrocede en sus valores y, para que ello sea posible, requiere de normas claras que vayan en defensa de los actores que no deben estar expuestos a las lamentables claudicaciones de empresas que usufructúan ondas del Estado, las que enfrentadas al conflicto cortan por el lado más débil, el del periodista.

Y menos aun de organismos públicos, plagados de jerarcas temerosos en su soberbia, que en lugar de abrirse a las necesidades informativas del conjunto de la sociedad, prefieren una melindrosa actitud, negándose a las consultas, intentando preservar una intimidad institucional que nada tiene que ver con la función pública y menos aun con su condición de integrantes de un gobierno elegido sobre la base de mecanismos democráticos.

Actitud que, como copia lamentable, se repite en otros sectores de la sociedad, que han comenzado a excluir a la prensa de actos, sin siquiera advertir que la falta de información que esa actitud determina, los malogra.

Por otra parte muchos errores informativos que se cometen son el resultado de esa actitud de los jerarcas que prefieren el silencio a la aclaración, rehuyendo siempre la confrontación de ideas cuando no, en un plano más reducido, de informaciones.

Los espacios cambiantes

Una profesión, la de periodista, que además de tener que ir adaptándose a las condiciones cambiantes del mundo, que si bien avanza en lo que ha dado llamarse las “nuevas tecnologías”, un ámbito que concierne directamente a esta profesión, no ha logrado cambiarla en su esencia de informar a quienes tienen el derecho inalienable de conocer. Sin embargo, como decimos más atrás, las puertas se están cerrando y los comunicadores estamos siendo presionados para convertirnos en meros trasmisores de hechos sin interpretar.

Ramonet define la profesión de periodista afirmando: “Teóricamente, hasta ahora, se podía explicar el periodismo de la siguiente manera. El periodismo tenía una organización triangular: el acontecimiento, el intermediario y el ciudadano. El acontecimiento era transmitido por el intermediario, es decir, el periodista que lo filtraba, lo analizaba, lo contextualizaba y lo hacía repercutir sobre el ciudadano. Esa era la relación que todos conocíamos. Ahora este triángulo se ha transformado en un eje. Está el acontecimiento y, a continuación, el ciudadano. A medio camino ya no existe un espejo, sino simplemente un cristal transparente. A través de la cámara de televisión, la cámara fotográfica o el reportaje, la mayoría de los medios de comunicación (prensa, radio, televisión) intentan poner directamente en contacto al ciudadano con el acontecimiento”.

¿Entonces? ¿Cuál es el sentido de la profesión de periodista ante la definición, casi apocalíptica, del director de Le Monde Diplomatique?

Nosotros apuntamos, claro está, a consolidar elementos sin los cuales nuestra profesión no tendría sentido, que son las libertades democráticas, todo eso bañado con un fuerte contenido humanista. Y esto dicho de manera responsable.

Vivimos en un sistema de producción superabundante de informaciones. Lo podemos observar en los distintos medios a nuestro alcance: los escritos, los radiales que tienen la singularidad de su profundidad y extensión que atrapa en cualquier lugar al escucha, la televisión, que, con el fenómeno del “cable” y los satélites, reproduce en tiempo real hechos que se producen en cualquier lugar del planeta, y el avance que arrollador de la prensa electrónica, mecanismo novedoso y con un crecimiento vertiginoso y exponencial.

¿Qué significa esto en la práctica? Durante mucho tiempo, la información era muy escasa o incluso inexistente y el control de la información permitía dos cosas. En primer lugar, una información escasa era una información cara, que podía venderse y dar lugar a una verdadera fortuna. Por otro lado, una información escasa proporcionaba poder a quienes la poseían. En un sistema en el que la información es superabundante, resulta evidente que estas dos consideraciones sobre los beneficios de la información no actúan de la misma manera.

¿Qué relación, entonces, se establece entre libertad e información, cuando ésta es superabundante? Ramonet entiende que si un sujeto dispone de información cero, entonces su nivel de libertad es también cero; y su nivel de libertad sólo aumenta a medida que crece su información. Si tiene más información, tiene más libertad. Cada vez que se añade información, se gana en libertad. En nuestras sociedades democráticas, se tiene la idea de que necesitamos más información para poder tener más libertad y más democracia. ¿No habremos alcanzado ya un grado de información suficiente? ¿No estaremos estancados? Es decir, no por añadir información, aumenta la libertad.

Sin embargo, en nuestra pequeña comarca esa polémica es de actualidad dudosa. Aquí todavía la información tiene restricciones de todo tipo, que se han ido acentuando con el paso del tiempo por el crecimiento de prácticas del modelo económico que se aplicaron, tendientes al encubrimiento, por ejemplo, de la procedencia de flujos de capitales.

El proclamado “secreto bancario”, no es más que una fuerte restricción a la información que estableció la legislación que enmarca al sistema financiero, con el fin de encubrir el dudoso origen de capitales, seguramente de procedencia ilícita. ¿Qué otro sentido tiene esa restricción? En el Uruguay, hoy por hoy, es prácticamente imposible establecer el enriquecimiento ilícito de un funcionario o de un gobernante, pues con el simple mecanismo de depositar el dinero en un banco, tiene la impunidad del secreto.

El “secreto bancario” se estableció en nuestro país con el fin convertir nuestra plaza en una especie de “paraíso fiscal”, una “caja negra” que encubría o encubre todo tipo de malversación que ocurriera fronteras afuera y adentro. No vemos la necesidad de un secreto de esas características para los depositantes que lícitamente buscaron en nuestro país mejores condiciones para su dinero. ¿Se imagina el lector cuanto dinero mal habido debió estar depositado en nuestro sistema financiero antes de la crisis de los primeros meses del año 2002?

Supervivencia de la burocracia

Pero eso no es lo único. También en el ámbito público existen restricciones a la información. De cómo la burocracia estatal que, por razones culturales y también de supervivencia, mantiene un secreto pesado, amorfo y casi siempre infranqueable sobre documentos que contienen información que debiera circular sin cortapisas.

Secreto, por supuesto, que también permite distorsionar la vida de la comunidad y encubrir la corrupción y el delito. Distorsión contra la cual es muy difícil luchar de no establecerse un mecanismo idóneo de “habeas data”, que le otorgue a los ciudadanos el derecho inalienable de conocer lo que contienen documentos por lo menos sobre su persona - para utilizar un ejemplo extremo pero vigente - que fueron atesorados y utilizados hasta hace poco para una enormidad de trámites burocráticos, algunos de corte antidemocrático.

Aunque parezca insólito en un país en que se reconquistó la democracia, hay ministerios que manejaban ficheros elaborados en tiempos de la dictadura para conocer antecedentes añejos, pero decisivos, que podían ser tomados en cuenta en trámites que afectaron a personas ¿No es acaso paradigmático el caso de la fiscal que proceso al ex canciller de la dictadura es sintomático?

La libertad y la información

Uruguay es un país con características propias. Mantiene restricciones que niegan el sentido mismo de la libertad a la información, pero a la vez - con el avance de los medios electrónicos - al integrarse al fenómeno de Internet, tiene una creciente superabundancia de la información. ¿Aumenta ello la libertad del individuo? Es una interrogante con respuesta dudosa, ya que con esa superabundancia nos encontramos en una época en la que aumenta la confusión. La cuestión que se plantea es si se continúa añadiendo información, ¿no acabará disminuyendo la libertad?

¿Adónde vamos con esta interrogante? Con el advenimiento de la televisión por cable, o en sus versiones más actualizadas, por satélite, el flujo informativo es de tal característica, que ya es prácticamente imposible evitar el demoledor influjo cultural de otras sociedades sobre la nuestra. Formas de vivir, mecanismos para la imitación social, paradigmas a los que acercarse o desechar. Todos elementos esenciales para la existencia, que en el camino globalizador de las nuevas tecnologías, se han ido trastocando, con aspectos positivos pero con otros negativos.

Siempre hemos hablado de los paradigmas de hoy, vinculados más bien al atesoramiento de dinero, desapareciendo otros valores. Beethoven, quizás hoy en nuestra sociedad, pasaría desapercibido o sería señalado como un genio marginado del esquema de convivencia. Y no vayamos a esos extremos: ¿Qué consideración social tiene hoy el buen padre de familia, trabajador o quizás desocupado, que hace de la austeridad su forma de vida?

Son los males de la cultura del dinero, que le da más importancia al flujo de capitales oportunistas que al éxodo de jóvenes que, por miles, deben asilarse en otras regiones, porque este país no tiene un lugar ni un trabajo para ellos. Y, en alguna medida, también los periodistas vemos modificar la esencia de nuestra profesión que tiende, a ojos vista, a bastardearse.

Al plantearnos estas cuestiones, muchas de ellas de estricta actualidad, debemos decir que no tenemos el convencimiento de que una información de tipo cuantitativo resuelva los problemas planteados.

Pensamos, por lo tanto, que la información debe tener siempre algún elemento cualitativo, el que le da el periodista. Y ello superponiéndose a otros dos aspectos, que son un basamento esencial del periodismo: credibilidad y fiabilidad. Por muy abundante que sea una información, lo que más debe interesar es que la misma sea creíble y fiable y, por tanto, debe desecharse la que no tenga un mínimo de garantías relacionadas con la ética, la honestidad, la deontología o la moral de la información.

Los medios ya no pueden presentarse simplemente como un ojo que observa y analiza a la sociedad. Esta metáfora puede aplicarse hoy a pocos medios de comunicación, que han dejado de tener esa característica propia de un instrumento óptico para convertirse, como decimos anteriormente, en un cristal que apenas se percibe, a través del cual se trasmuta, sin mayor análisis, lo que ocurre en la sociedad.

Todo el mundo los ve y todo el mundo sabe de alguna manera que no son perfectos. La gente espera de los medios que hagan también una autocrítica, que se analicen a sí mismos. De la misma manera que los medios pueden ser exigentes con tal o cual profesión o sector, ¿por qué no lo son con ellos mismos? Eso es algo que nosotros intentamos.

Ustedes, los lectores, son nuestros jueces.

Carlos Santiago
Periodista y escritor. Secretario de redacción del diario La República y del suplemento Bitácora en Montevideo, Uruguay.
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[1] Canal 12 de Montevideo sacó del aire el programa “ lanata.uy “, que dirigía el periodista argentino Jorge Lanata

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Un periodismo acorralado

ADIOS A CLAUDE JULIEN

CLAUDE Julien, maestro de periodismo moderno que fuera durante casi 18 años (1973-1990) redactor Jefe y después director del prestigioso mensuario Le Monde Diplomatique, falleció el 5 de mayo último, a punto de cumplir sus 80 años.

 Su sucesor, Ignacio Ramonet, lo retrata plausiblemente: “Personalidad excepcional por el poder de sus convicciones, la singularidad de su talento y la extensión de su cultura, Claude Julien ha marcado definitivamente la historia del Le Monde Diplomatique. Ha ejercido una influencia decisiva sobre varias generaciones de jóvenes periodistas, que han admirado en él la fuerza de su carácter, la firmeza de sus ideas, la calidad de sus escritos, la generosidad de su compromiso y la pasión de sus combates en favor de un periodismo irreverente, de un mundo más justo, más pacífico, menos inigualitario y más solidario… una pérdida irreemplazable, pues nos enseñó un camino fundamental indispensable en estos tiempos en que los medios se doblegan.” 

Ramonet no exagera. Esa firmeza de ideas acompañó dignamente siempre su paso por la vida. No se doblegó. La beca que obtuvo en 1949 para estudiar Ciencias Políticas en EE.UU., en la Universidad Católica de Notre Dame, Indiana, lejos de deslumbrarlo por el esplendor y prestigio que la II Guerra Mundial trajo a Norteamérica, le sirvió para conocer las entrañas del monstruo, como a nuestro José Martí. Su obra en este tema, que incluye La Amerique en Revolution (1956) y Le Nouveau Nouveau Monde (1960), se vio coronada con El Imperio Americano (1968), el cual le valió ser reputado como uno de los mejores conocedores del poderoso país.

 Nacido hace 80 años, el 17 de mayo de 1925, Claude Julien participó en la resistencia francesa contra la ocupación nazi. A los 19 años fundó el periódico De Pie, ligado a las Juventudes Obreras Católicas. A su regreso de Estados Unidos trabajó como periodista y a los 26 años es nombrado Redactor Jefe de La Depêche de Tánger, ciudad entonces bajo protectorado francés. Pero sus posiciones en favor de la independencia de Marruecos, hicieron que fuese rápidamente expulsado, con lo que demostraba, para la época, una muy inusual madurez política.

 De nuevo en París, Hubert Beuve-Méry, fundador de Le Monde, le asigna la responsabilidad de las páginas internacionales del diario que mantuvo durante 20 años.

 Julien fue uno de los primeros en interesarse seriamente por la lucha guerrillera en Cuba, país que visitó poco antes de la caída del tirano Batista, para describirlo como “acontecimiento mayor que cambiará la percepción geopolítica de la América Latina”. En 1961 escribió  la primera obra en Francia sobre este proceso, con el título La Révolution cubaine,  

 Junto a sus dotes intelectuales descubrrí en él una sencillez de trato, una amable bondad. Yo me había aficionado a leer Le Monde en Argelia, sobre todo las páginas internacionales pues la información que Julien ofecía resultaba imprescindible. Recuerdo que en 1964, en presencia del embajador Jorge Papito Serguera, le pregunté a Che Guevara cuáles eran a su juicio los mejores periódicos del mundo. Para mi sorpresa me contestó sin vacilar que Le Monde y el New York Times.

 A Julien lo conocí en La Habana, lo encontré en el hotel Habana Riviera donde sostuvimos una animada conversación mientras lo acompañaba hasta el apartamento del pintor Portocarrero. Cuando, en 1966, el diario me envió a Africa y el Medio Oriente para reportar y pulsar el ambiente hacia una Conferencia y Organización Tricontinental, debí comenzar por Siria, donde entonces los cubanos no teníamos la menor relación. Con algo más de 24 horas en París y en domingo, busqué su teléfono en la guía y lo llamé a la casa. De inmediato organizó un almuerzo para el día siguiente con él y Eric Rouleau, su especialista en la zona. Me hicieron un resumen certero de la situación en el país, y Rouleau me dio las señas de varios personajes clave. Esa ayuda me facilitó mucho la tarea y así nació una sólida amistad.   

 En enero de 1973, Jacques Fauvet, quien sucedió al fundador Hubert Beuve-Méry en la direccion de Le Monde, le nombró Redactor en Jefe de Le Monde diplomatique. El periódico estaba dirigido sobre todo al universo de las embajadas dentro de la línea editorial del diario.

 Julien cambió completamente el mensuario, independizó la redacción del diario, lo impregnó de su manera de hacer y lo hizo crecer en influencia y tiraje. Ramonet lo resume: “Nuestro periódico le debe, por así decirlo, todo lo que constituye su identidad, su línea editorial a la cual nos hemos mantenido fieles desde que partió (del periódico en 1990); su doctrina periodística hecha de exigencia, de imaginación, de rigor y de precisión, su ética de austeridad y de modestia; y sus ideas principales de rehusar todo hegemonismo político, de todo dogma económico que refuerce el poder del dinero o la pretensión de una cultura, sea cual sea, que se pretenda imponer en el mundo”.               

 Estos éxitos en el mensuario hicieron que la Sociedad de Redactores de Le Monde lo eligiese, en 1980, como sucesor de Jacques Fauvet en la dirección del diario. Pero antes de entrar en funciones, fue víctima de una intriga que se lo impidió. Se produjo un impasse hasta mayo de 1982 en que Fauvet lo nombró director completo de Le Monde diplomatique. En esa misma década, de paso por París, lo fui a ver y me contó que la intriga la desarrolló “la prensa anglosajona, la cual no le perdonaba sus criterios sobre Cuba y otras posiciones políticas”. A pesar de que su entusiasmo hacia el socialismo caribeño se había moderado desde 1968.      

 Ese espíritu de insumisión se mantiene en Le Monde diplomatique. Pero desgraciadamente no ocurre así en el diario Le Monde, ni con Liberation, donde sus respondsables abrazan las malandronadas de Robert Ménard como la de las campañas contra Cuba que financia el National Endowment for Democracy, de la CIA, mientras enmascaran los crímenes del Gobierno de Bush en Iraq, incluso, en casos escandalosos como el asesinato del camarógrafo José Couso en Bagdad.

 El señor Ménard finge denunciar que en el 2004 han muerto 53 periodistas. A 19 de ellos los mataron en Iraq, pero no señala siquiera cómo el ejército de EE.UU. es responsable de la mayoría de los casos. A nadie en Europa le llama la atención el hecho de que RSF hace feroces campañas contra Cuba, donde no ha muerto ningún periodista. Poderoso caballero don dinero.

 Claude Julien es paradigma de un periodismo con vergüenza. Un periodismo hoy acorralado.

http://www.granma.cu/espanol/2005/mayo/juev19/21claude.html

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Friday, May 6, 2005

La Libertad de Prensa soy yo

Hablemos claro, para entendernos mejor
“La Libertad de Prensa soy yo…”
El martes último se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, instituido en razón de que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática. “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”, tal el texto del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Esta cita muestra que el mundo moderno ha reconocido que sin una prensa libre no se puede hablar de democracia. Este es un punto liminar del ejercicio de la tarea periodística y de la formación de profesionales de la comunicación social.

Sin embargo, mientras el mundo avanza en la consolidación de los derechos y garantías que tienden a la superación del ser humano, a su elevación en cuanto a dignidad y realización personal, en la Universidad Nacional de La Rioja parece haberse elegido el camino inverso: el discurso único. Cualquier disonancia debe ser acallada manu militari.

Se ha producido un hecho que resulta ejemplificador para fundamentar este aserto. Un grupo de alumnos de la carrera de Comunicación Social decidió llevar a la práctica los conocimientos profesionales que fueron adquiriendo. Para ello, fundaron una revista estudiantil, pero cometieron un pecado capital: ser independientes. Una estudiante, en función de cronista de esa publicación, tenía en elaboración una nota referida al aprovechamiento que hacen los estudiantes universitarios de elementos que les ofrece la misma Universidad. Se realizó una encuesta entre los alumnos y el resultado más llamativo fue que la gran mayoría desconocía la existencia del Museo de Ciencias Naturales en el complejo universitario.

Siguiendo elementales normas de elaboración periodística, se imponía una entrevista al director del Museo, a fin de que explicara el funcionamiento y las potencialidades formativas que ofrece la institución científico-cultural y también pudiera expresar su opinión respecto al poco conocimiento de la existencia del museo entre los alumnos y los mecanismos de aplicación posible para corregir esa situación. El funcionario, al serle requerida la entrevista, extendió para “más adelante” la posibilidad de su realización.

No obstante, en el decanato de la carrera de Comunicación Social apareció de inmediato un informe de ese funcionario en el que imputa a la novel cronista “falta de ética profesional” por haberse presentado como estudiante de esa carrera (tal es su condición actual) y por haber dicho que la nota sería publicada en un medio “independiente”, sin precisar que se trata de una publicación estudiantil, cuya línea editorial, según su personal evualuación, está dirigida “en contra de la Universidad”. Pero la nota periodística estaba en elaboración y hasta ese momento su contenido sólo era de conocimiento de quienes estaban trabajando en su realización. Al parecer, el funcionario es extremadamente susceptible y delicado, porque se sintió “acosado, invadido y vulnerado” por la proposición (periodística) de la estudiante.

En la misma línea de hipersensibilidad, el decano de la carrera dispuso retirarle a la alumna la beca que por su función de ayudante de cátedra venía percibiendo. Situada en la condición de enemiga pública de la Universidad, el alterado decano dispuso la inclusión del nombre de la estudiante entre los que han perdido la consideración y respeto de los estamentos de gobierno universitario.

El martes último se conmemoraba el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Los alumnos de la carrera de periodismo de la Universidad Nacional de La Rioja han recibido una contundente lección de parte del máximo responsable de su formación profesional: “la libertad de prensa soy yo”, dice su actitud y aparece como paráfrasis de aquella axpresión del más puro despotismo acuñado por Luis XIV cuando dijo: “El Estado soy yo”.

La Universidad Nacional de La Rioja es una institución estatal que se sostiene con dineros públicos y por tanto no puede (no debe) ser manejada como un feudo. Resulta necesario que sus autoridades asuman su rol de servidores públicos y, sobre todo, prediquen con el ejemplo. Ante actitudes como la comentada, cabe preguntar cuál es el perfil profesional de periodista que está acrisolando esta institución de todos los riojanos, obra de muchos años de lucha de un pueblo que funda en la educación sus legítimas aspiraciones de crecimiento personal y comunitario.

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Monday, May 2, 2005

Ecuador: La comunicación en crisis nacional

   La organización de las movilizaciones sociales por parte de radio ‘La Luna’, despertó la discusión sobre el papel de los medios de comunicación en situaciones de emergencia nacional.

Para la Dirección de Comunicación Social de la Universidad Politécnica Salesiana, el manejo de los medios en crisis políticas, jurídicas y sociales se ha transformado.

“Debe entenderse que el marco del vacío político fue llenado por Paco Velasco y radio La Luna”, afirmó Leonardo Ogaz, profesor y director de este departamento, sin dejar de señalar que esto corresponde a un estilo comunicacional diferente que se basa en la participación activa de las personas que escuchan.

“Radio ‘La Luna’ está al servicio de la gente, lo que demuestra que la comunicación tiene un eje distinto”, manifestó Ogaz.

El cambio de comunicador social a líder político coyuntural pudo ser el resultado de las acciones emprendidas por el periodista Paco Velasco. “Se convirtió en una especie de líder”, indicó Ogaz al recordar que no es la primera vez que sucede esto, pues comunicadores como Freddy Ehlers y el ‘Maestro Juanito’ también han asumido una posición similar.

“Hay un espacio muy democrático ya que la gente participa. Paco Velasco ha convertido a la gente en sus reporteros, tiene miles”, sostuvo el catedrático calificando esta actitud como una contribución a la politización de la gente.

Una parte de los estudiantes universitarios están de acuerdo con la postura del director del informativo radiofónico. “La defensa democrática que hizo la Radio La Luna fue excelente”, dijo el dirigente de la Universidad Católica, Andrés Castillo.
www.lahora.com.ec/

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